DEMENCIA

Supongo que quienes están aquí saben lo que es la parálisis del sueño.

Para los que son como mi esposa y nunca lo han experimentado,
esta afección, conocida en mi tierra como “la subida del muerto”,
es ese momento en que ya estás despierto, pero tu cuerpo no responde.

Puedes escuchar, puedes sentir, incluso si lo intentas, puedes ver ocasionalmente.
Lo que no puedes hacer en lo absoluto es controlar algo que te ha pertenecido desde siempre: tu cuerpo.

Según la teoría del cuerpo, esto ocurre cuando no descansas bien
por lo que tu mente puede despertar antes que tu cuerpo.

Así es, no hay un demonio o ente sin vida encima de ti,
no es el diablo jalándote las patas,
no es un mal viaje astral en el que tu alma no ha podido regresar a tu cuerpo,
simplemente tu cerebro tiene problemas por la falta de sueño…
Al menos es lo que se teoriza.

Yo puedo apoyar esta teoría ya que esta afección me acompaña desde que tengo memoria.
Y ciertamente, soy una persona que duerme muy mal.
Estoy acostumbrado a dormir dos o tres días de tres a cuatro horas
y un día dormir mínimo seis, que es “mi noche de descanso”.

He tenido muchas experiencias con esto, y nunca me he quejado.
De hecho, es algo tan usual que cuando me sucede, ya tengo una estrategia de salida.
Pero hoy, a mis casi treinta años, fue la primera vez que sentí un miedo profundo.

No fue nada que haya visto,
no fue ninguna experiencia paranormal,
no fueron voces en mi cabeza.

Fue mi propio trauma existencial el que empezó a mover los hilos.
Fue mi propia mente dándose la libertad de pensar en los peores escenarios posibles.
Fui yo.

Como es costumbre, llevaba dos días durmiendo un par de horas.
Por la mañana me recosté en el sofá junto a mi esposa para nuestro café con series,
un ritual que podemos permitirnos de vez en cuando.
Era una serie que ya habíamos visto,
por lo que yo estaba más preparado para dormitar que para verla, y así fue.

Me privé en sueño por unos noventa minutos, hasta que ella hizo una pausa para ir al baño.

Aún no investigo el por qué,
pero yo suelo empezar a soñar cuando estoy cerca de levantarme y estoy muy cansado.
Probablemente sea algo común, pero ya hablaré de ello después.

Pero así fue.
Yo, sin despertar, me di cuenta que mi esposa se había ido, y comenzaron los sueños.
Honestamente no recuerdo ni uno de ellos, pero sí recuerdo despertar, y ahí estábamos:

Una vez más, mi cuerpo no respondía.
Mi respiración se agitaba porque, pese a la experiencia,
no puedo evitar tener esa sensación al principio.
Pero pronto me di cuenta de lo que pasaba y me relajé.

Siguiendo mi estrategia, comencé a mover los pies y las manos,
como avisándole a mi cuerpo que tenía que activarse.
Después empecé a tratar de girar mi cuerpo moviendo los hombros y,
usualmente aquí es donde me levanto la mayor parte de las veces.
No fue la excepción.

Pude dar una bocanada de aire,
porque parece que en esos momentos mi cuerpo también se olvida de respirar.
Pero lo logré, me senté en el sofá y esperé a mi esposa.

De pronto me di cuenta que no sentía mi cuerpo,
y esa siempre es la clara señal que me dice:
“No, sigues dormido”
En cuanto esa frase recorre mi cabeza,
inmediatamente me transporto a la realidad,
como si se fuera la luz por la noche a mitad de una película.

Ahí estaba de nuevo,
recostado en el sillón,
y mi cuerpo aún inerte.

Reinicié la estrategia.
¿Qué más podía hacer?
Además, no era la primera vez que despertaba de un sueño para vivir
y me daba cuenta que estuve viviendo en otro sueño.

Pies, manos, hombros…

De nuevo recuperé el control,
pero esta vez me puse de pie.

Me he dado cuenta que a veces,
por no levantarme de donde esté,
vuelvo a caer dormido,
y vuelvo a caer en parálisis.

Me fui al comedor,
bebí un poco de agua,
di unas vueltas a la sala y finalmente,
mi esposa salió del baño.

¿Lista para irnos? —le pregunté.
Era hora de ir por nuestra hija a la escuela.
Ella sólo asintió con la cabeza.

Encendí la camioneta y nos pusimos en marcha.

Llegamos a la escuela y fui a la entrada para esperarla.
En cuanto la vi corrió a abrazarme como hace siempre al vernos.
“No, aún no estás despierto” —me dije al no sentir el abrazo de mi hija.

Otra vez en el sofá,
en la misma posición,
como si nada hubiera pasado.

Siete veces más.
Tuve otras siete iteraciones en las que me levantaba,
hacía alguna que otra cosa,
y de vuelta al sofá.

A veces ni siquiera recordaba que había tenido una parálisis,
simplemente me levantaba y continuaba con mi vida.

Las últimas dos iteraciones lo sabía.
No podía vivir tranquilamente
porque no estaba seguro de haber despertado.

Hasta que llegó la última vez en el sofá.

Ahí estaba de nuevo,
con mi cuerpo inerte,
haciendo todo mi esfuerzo por no cerrar los ojos,
pero esta vez podía sentirlo.

Mi cuerpo respondía.
Sentía la cobija rozando mi piel,
cómo mis pies la movían cuando los agitaba.
Sentía mis dedos moverse,
me pesaban los ojos,
pero veía la sala ocasionalmente en los millisegundos que podía mantenerlos abiertos,
y entonces la vi.

Parada frente a mi,
viéndome fijamente,
una silueta…
era mi esposa.

Comencé a hacer todo mi esfuerzo para que me despertara:
“¡Amor!” – le grité,
pero sentía cómo mi boca apenas se movía.

“¡Despiértame!” – insistí,
pero esta vez yo mismo podía escucharme,
y sí, no podía pronunciar bien porque me pesaban los labios,
pero al menos sabía que estaba haciendo ruido,
¡y ella estaba ahí!, viéndome.
Era cuestión de tiempo.

Finalmente lo hizo,
sentí un golpe en el pecho
y tomé tanto aire como pude
cuando recuperé mi cuerpo.

Me abrazó,
la abracé.

“¿Qué tenías?” —me preguntó con una auténtica preocupación
y le conté toda la historia.
No con este detalle, debo mencionar.
Mi cerebro no funciona tan bien cuando se trata de hablar en vivo,
pero le conté cómo me sentí
y lo aliviado que estuve porque me levantó.

Se rió de mí,
“No sabía que tenías pero me diste miedo… y te grabé”
Y esta fue la primera vez que supe cómo me veía
cuando trataba de deshacerme de la subida del muerto.
Spoiler: es ridículo.

Pero después de haber tenido esta experiencia,
lo que se quedará en mi cabeza por siempre
no será la claustrofobia de estar encerrado en un cascarón inmóvil,
no será la idea de vivir y darte cuenta que sólo era un sueño,
ni el que mi esposa tenga ese video para burlarse de mí por los próximos años.

De ahora en adelante,
de vez en cuando y sin querer,
mi mente esporádicamente volverá a recordarme:

Sabes que toda tu vida has dormido mal,
sabes que es muy probable que sufras demencia cuando seas un anciano,

si es que llegas a ser anciano

¿Qué tal si esa demencia será igual a lo que viví ese día
pero no importa cuánto me ayuden, no volveré a salir de ese ciclo?

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